Hablamos de la función directiva en la Administración

He releído las notas de las dos sesiones que hemos disfrutado de Don Manuel Zafra en el Master sobre Administración, sociedad y política que imparte la Universidad Pablo Olavide y su lectura me ha provocado algunas reflexiones que quiero compartir…

Empezar con un elogio para Don Manuel y su mochila de conocimientos, ha sido todo un descubrimiento, un profesor de los que merece la pena seguir. Yo al menos así lo considero y así lo voy a practicar.

En la primera de las sesiones se analizó la figura del directivo público y la función de la dirección y en la segunda sesión nos adentramos en el análisis y alcance de la reforma local contenida en la Ley 27/2.013 de 27 de Diciembre. Voy a centrar mis comentarios sobre la primera de las sesiones, – el papel del Directivo Público -.

La primera idea que dejó el profesor sobre la mesa fue, “en política, gente no experta dirige a gente experta”, afirmación contradictoria en sus términos. No tiene demasiado sentido que aquel que no conoce una materia dirija al que conoce en profundidad la materia. Una segunda afirmación, en este caso es de mi cosecha, es que la Administración, en mayor o menor medida funciona. Aquí está la cuestión, como lo público funciona bajo la premisa de que gente inexperta dirige a gente experta. La explicación del profesor Zafra se basa en el reconocimiento de  la legitimidad recíproca de cada componente. El político tiene la legitimidad de la elección, ha sido elegido para gobernar y  el funcionario tiene la legitimad del merito y la capacidad, se ha formado para el desempeño de una función específica.

Seguimos con los conceptos, la política es el arte de priorizar los recursos. Es un sumatorio de elecciones, el político constantemente está priorizando y puesto que los recursos y el tiempo son limitados, el hacer algo, lleva implícito el dejar de hacer algo, y esto, es hacer política. En este punto, el profesor Zafra pone sobre la mesa que el criterio experto no es válido en política, la elección no es experta, la elección es política. El experto es necesario para aplicar decisiones, no para tomarlas.

Mi intención inicial era construir el concepto de Función Directiva por aclamación, ir haciendo afirmaciones que llevaran ineludiblemente a que el lector se preguntara ¿Quién, o cuál,  es la clave para que gente no experta dirija a gente experta? La limitación recomendable de las publicaciones en el Blog provoca anticipar las claves.

El mapa de legitimidades y estatus plantea per se un escenario de conflicto. El político es temporal, el funcionario permanece. El político tiene la obligación de tomar decisiones, el funcionario tiene la obligación de encajar la decisión en un procedimiento sin desvirtuar la decisión. El político puede desconocer el procedimiento, el funcionario es garante del procedimiento. Así las cosas, el papel del Directivo Publico es esencial para evitar el choque de legitimidades y mantener un equilibrio operativo razonable para la toma de decisiones. El Directivo Público tiene una doble condición que le posiciona y habilita para el desempeño de su función, que no es otra, que provocar que el sistema funcione con cierto grado de eficacia. El Directivo Público tiene la confianza política del cargo electo que le nombra y los conocimientos técnicos suficientes que le permiten hablar el mismo lenguaje que los funcionarios articuladores de las decisiones.

Las referencias bibliográficas y de autores del profesor a lo largo de su exposición han sido múltiples, no obstante un autor,  Mark Moore y su obra “Gestión estratégica y creación de valor en el sector público”, nos facilita las claves para entender la necesidad de la Dirección y las características necesarias de la función directiva.

“Encontrar el respaldo político para  una buena idea que sea operativa”, este parece ser el papel del Directivo Público.

Triángulo estratégico:

        1.- Una idea valiosa.

       2.- Gestionar el entorno político autorizante.

       3.- Implementar la decisión, convertirla en operativamente viable.

Una afirmación del profesor Zafra me llamó poderosamente la atención, “el directivo necesita capacidad de aguantar fallidos”, tiene que tener cierta capacidad frente a la frustración. El comentario está basado en el conocimiento y experiencia personal, implica que existe una dificultad extrema en implementar buenas ideas en el entorno político autorizante y más complejo aún ponerlas en práctica. En la mayoría de los casos el talento y la frescura se valora menos que el procedimiento y los surcos fuertemente marcados de los caminos de la decisión. El choque entre la técnica, la política, la oportunidad, el enfrentamiento ideológico hueco y el resto de variables, hacen que buenas ideas queden en el camino.

Juan Aguado. Estudiante MUSAP.

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