ÉTICA POLÍTICA: CONVICCIONES Y RESPONSABILIDAD

La semana pasada pudimos disfrutar de las sesiones del profesor Villoria, compartiendo con nosotros sus conocimientos de una forma enriquecedora. Profundizamos en el concepto de la ética, y la trató con gran maestría trasladándola desde la perspectiva más individual y personal hasta la social, política y profesional.

Hago colación a una idea concreta que se trató en la última sesión siguiendo el pensamiento de Max Weber (1864-1920), la ética en la política se basa en dos principios: convicciones y responsabilidad. Según esta idea, en la política se debe intentar equilibrar ambos, dejando así el mero juego de la lucha por el poder.

Esta idea facilita la comprensión de estos últimos años de democracia, pues el binomio ética y política es tan complejo que suscita variedad de debates. Si bien los valores influyen en las decisiones que toman diariamente los políticos, también es verdad que se necesita un gran grado de responsabilidad más allá del mero interés individual, que enfoque cualquier planteamiento para cuestionarse a quién y de qué forma afectan mis decisiones como político.

Para ejemplificar esta idea a la que quiero acercaros, podemos acudir a las negociaciones existentes entre partidos políticos tras las elecciones, para llevar a término la gobernabilidad del país o de cada una de las Comunidades Autónomas, pues si bien ello puede ser mal visto como la simple pugna por obtener el poder, se esconde tras ello la responsabilidad que cada político tiene con la confianza que han depositado en él sus votantes, para llevar a fin de la mejor forma posible – aunque ello requiera de algún pacto -, su ideología a través de sus decisiones políticas.

Por último me permito una reflexión personal a todo este respecto, pues esta idea de equilibrar la responsabilidad y las convicciones para aplicar una ética necesaria en la política, encaja y dan forma a aquellos pactos que se suscitan entre partidos políticos para gobernar, resultando no pocas veces dudosas, pero también debería valer para consensuar, por parte de nuestros dirigentes políticos, aquellos temas de interés general para la sociedad como en la educación por ejemplo, tan ansiosa de que se alcance madurez política tal, que estabilice y dé fuerza a nuestro sistema democrático en su conjunto.

Araceli Romero Mendívil

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