Capitalismo y Administración Pública

El módulo de Capitalismo y Administración Pública ha sido una especie de Piedra Roseta para los no iniciados en la economía y las finanzas. Habituados a ser muchos de nosotros comunes ciudadanos que recibimos mediante prensa o radio los boletines y noticias económicas en los que se incluyen conceptos tales como deflación, activos sin valor, capitalización bursátil, bono alemán o alta volatilidad y que acabamos relacionando siempre con términos negativos pero a la vez abstractos (por desconocimiento) en el paradigma mental de crisis global que todos tenemos en la cabeza, lograr entonces, como digo, en ese marco, aterrizar estos conceptos y teorías al mundanal ruido ha sido un verdadero soplo de aire fresco. Ha sido, más bien, Capitalismo y Administración Pública para la ciudadanía.

Hemos profundizado en los complejos problemas de la crisis económica, desde la coyuntural a la estructural, haciendo especial hincapié es los problemas de crecimiento, déficit comercial, desempleo, inflación y finalmente el déficit público.

Dentro de los ciclos económicos de este país, hemos asistido al final de un modelo de crecimiento que se inició con las variaciones del impuesto de la renta y la liberación del suelo, con Aznar presidiendo el Gobierno, y que se sustentó en el consumo, el incremento del número de créditos e hipotecas de las familias, la construcción y su alta capacidad de absorción de mano de obra no cualificada así como la aparición de diversos productos financieros.

Aún así, tras analizar las diferencias entre crisis, recesión y estancamiento, sorprendió conocer que España, a lo largo de su historia, había quebrado como país en varias ocasiones, siendo la última vez durante el siglo XIX y contando en su haber con reestructuraciones de su deuda pública, la última allá por la segunda República.

Analizamos también los efectos de la crisis en el empleo/desempleo y se estableció que Crecimiento y Desempleo no son términos inversamente proporcionales en una ecuación económica.

Sorprendentemente, desglosamos el peculiar concepto que tiene el INEM de contabilizar los demandantes de empleo frente a los parados y cómo esta distinción puede, en la actualidad, ofrecer una disparidad entre una y otra cifra de más de un millón de personas.

Políticas monetarias, políticas fiscales y políticas comerciales nos ocuparon buena parte de la sesión. Los presupuestos familiares han variado en gran medida y la caída del consumo e inversión han arrastrado consigo a la producción.

El déficit estructural y la deuda pública originaron la famosa modificación (con premeditación y alevosía) del artículo 135 de la Constitución, aunque aquello supusiera que España perdiera el control y las familias no respondieran a dichos estímulos al no provocar un mayor gasto que incentivase la recuperación.

Por otro lado, descubrimos que la evolución de la prima de riesgo, que llegó a muchas de nuestras vidas cuando desde la Triple A (máxima certificación crediticia) pasamos al bono basura y de los 100 puntos de felicidad pasamos a los casi 650, ha estado marcada tanto por la modificación del 135 como por la victoria electoral del PP en el 2011 como por las declaraciones de Rajoy de incumplimiento del compromiso de reducción de déficit público.

Y, entre otras muchas historias y paradigmas, de prestatarios y ahorradores históricos hemos pasado a ser un país prestamista. La venta de bienes (que no servicios) al exterior provoca que, de momento, nuestra tasa de cobertura haya ascendido al  91%, aunque nuestro principal problema es la carencia de petróleo y gas.

En cuanto a políticas económicas y estructurales…La globalización, ¿es buena, mala o peor? Es el intercambio llevado al extremo y genera multitud de cambios en todo el mundo. En relación a la apertura de mercados por una vez benefició a los denominados países pobres y estancó a los países ricos pero ha provocado a su vez un aumento de crisis financieras y desigualdades mundiales.

Puede ser explicada desde una corriente estructural, coyuntural o constructivista, pero el resultado obtenido es a la vez positivo y negativo, inclinándose más hacia uno u otro lado dependiendo del enfoque.

Instituciones, mercados, gobiernos y ciudadanía conforman el denominado sistema capitalista, individualista o troncal, y es en donde hoy día se ubica esta gran crisis. Paro, economía sumergida, temporalidad y movilidad, desregulación del mercado, baja productividad y salarios… ¿cómo cambiar el presente? Quizás dando respuestas estructurales a retos, factores, cambios y políticas igualmente estructurales.

Tras este breve resumen, agradecer el tesón del profesor Menudo, a quien acribillamos a preguntas desde el culmen de la sencillez y desconocimiento hasta el posicionamiento más interesante y quien, lleno de paciencia, respondió una y otra vez provocando un estupendo clima de debate, análisis y reflexiones compartidas, quién iba a decirlo, en el ámbito económico.

Pilar Gil Martínez

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