El federalismo en España. Recorridos históricos.

El pasado 29 de abril tuvimos la oportunidad en MUSAP de disfrutar de una clase magistral con el Profesor José Álvarez Junco, maestro de historiadores y un pensador referente y fundamental en nuestros días.

En su ponencia, el Prof. Álvarez Junco hiló la evolución de lo que ha supuesto la idea de España desde la antigüedad hasta el día de hoy para así realizar un análisis del nacionalismo español y de las razones que han motivado su escasa consolidación. Así pues, es clave para el resto de esta entrada concretar el concepto de Nación al que alude el ponente: Podemos entender este concepto y decir que “Nación es un grupo humano con unas características comunes y con aspiraciones políticas (de proclamar su soberanía sobre un territorio)”.

Y resumiendo los puntos centrales de su clase se podría destacar:

La identidad española y la palabra “España” es muy antigua, nada reciente. Los latinos la llamaron Hispania y se asimilaba en aquel entonces a la Península Ibérica. Es el mismo territorio del que hablarán los Godos y más tarde los Musulmanes, cuando se refieran a Al-Andalus. En el 1.492 los Reyes Católicos llevarán a cabo una unión política que no nacional. Dicha unión se conformará mediante la acumulación de diferentes territorios y la expulsión de judíos, moriscos y por la promoción de la “limpieza de sangre” y la instauración del Tribunal de la Inquisición. Más tarde con los Austrias en el período imperial la identidad española se irá progresivamente afirmando por las guerras con el exterior y con la consolidación de la lengua castellana.

No es hasta el S XVIII, con la llegada de los Borbones que se comienza un proceso de nacionalización muy incipiente. Se anulan los fueros del Reino de Aragón (pero no los vascos y navarros) y se comienza a nacionalizar la cultura con la creación de las academias (de la lengua española, de las artes,..) a la par que se empieza a diseñar una identidad que reniega del pasado de los Habsburgo (etapa de falta de libertad, absolutismo…) mitificando el período medieval. Será en las Cortes de Cádiz y con la promulgación de “La Pepa” (la primera Constitución Española en 1812) donde por primera vez se haga referencia a la “nación española” que según su articulado estará compuesta “de los españoles peninsulares y americanos”.

El Siglo XIX será el Siglo de la confusión. En el período 1810 – 1825 España perderá las colonias y prácticamente se hunde en la irrelevancia política. Es un Siglo en el que la debilidad económica es total y hay una imposibilidad por parte del Estado de “nacionalizar” su proyecto estatal por sufrir una escasez total de recursos: Ni se construyen vías de comunicación; ni se puede estructurar un ejército moderno y eficaz; ni se pueden construir hospitales y escuelas que dotaran a la población de unas ciertas condiciones de vida y culturales homogéneas.  Es el siglo en el que tienen lugar tres guerras civiles, las Guerras Carlistas (1833-1840;  1846-1849; 1872-1876). Se va moldeando así un nacionalismo español débil y un orgullo colectivo muy pequeño, por un estado que pretende sin los medios suficientes desarrollar un modelo unitarista.

El Sexenio Revolucionario que comienza en 1868 termina con la truncada experiencia de la I República donde Pi i Margall apuntará hacia un proyecto federal para España. A partir del 1875 con la Restauración Borbónica se establece el modelo del “turnismo dinástico” donde los partidos liberal y conservador se repartirán las instituciones y rotarán en el poder con el apoyo de un sistema amañado y caciquil. En el año 1898, tras el ridículo ante la comunidad internacional por la derrota ante EE.UU y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas se produce una gran crisis de confianza en España (“El Desastre”) que desemboca con el nacimiento de los movimientos nacionalistas en Euskadi (Sabino Arana y su nacionalismo clerical y étnico) y Cataluña (Lliga Regionalista, vinculada a la burguesía) y con la preocupación y un intenso debate por parte de los intelectuales (Generación del 98).

El período 1901-1923 es un período de éxito para el nacionalismo catalán que consigue ir reclamando un espacio de autonomía, la Mancomunidad Catalana, truncada por el comienzo de la Dictadura de Primo de Rivera. El período de dictadura de Primo de Rivera-Berenguer-Aznar sigue lastrando la idea de una España social, avanzada y democrática, consolidando en el imaginario colectivo el concepto de una España militarista, anclada en el atraso que niega las libertades. Hasta las elecciones municipales de abril de 1931 donde las candidaturas a favor de la Monarquía sufren una estrepitosa derrota y se proclama pacíficamente la II República.

La II República (1931-1936) es el gran proyecto político para españolizar el país, para por fin, intentar nacionalizar el estado con sus proyectos estrella: Educación laica y pública; separación Iglesia-Estado, reforma y modernización del ejército y reforma agraria. La Constitución Republicana consagra en su articulado una República Integral, fuertemente unitaria que niega la posibilidad de federación pero que sí contemplará la autonomía de sus regiones. Es el caso de Catalunya que ve cumplida la aspiración de su Estatuto de Autonomía en 1932. Esta misma región dio muestras de su vocación autonomista y federalista en dos ocasiones principalmente: 14 de abril de 1931 con la proclamación de la República cuando Francesc Macià proclamará el estat catalá dentro de la República Federal y en el 34, a raíz de la Revolución de Octubre. Tras la sublevación fascista del 18 de julio del 36 y la victoria de los golpistas, España entra en una dictadura cruenta que durará cuatro décadas. En el período 1936 – 1955 se consolidará por parte del régimen franquista un nacionalismo español sectáreo y violento con esencias imperialistas. A partir de los años 60 se producen movimientos culturales que irán prestigiando los nacionalismos vasco y catalán por ser modelos opuestos al nacionalismo español imperante. El vasquismo y el catalanismo quedarán así como ideales asociados al ser europeo y demócrata. Hasta el punto que serán las organizaciones de la izquierda española como el PSOE las que aboguen en un proyecto inicial por la autodeterminación de los pueblos de España. Este es clima en el que muere el dictador y se inicia la transición democrática.

El 6 de diciembre de 1978 se aprueba en Referendum la Constitución Española en la que se incluirán diversos conceptos:

  • El concepto pueblo español es más claro que el concepto “nación”.
  • Se introduce el concepto de las nacionalidades.
  • El reconocimiento a la unidad (indivisible-indisoluble nación española) y la diversidad (autonomía regiones-nacionalidades).

La experiencia de las Comunidades Autónomas fue una experiencia positiva porque supuso un modelo intermedio. El Constituyente previó esta fórmula para las nacionalidades históricas (Catalunya, País Vasco y Galicia) pero la irrupción de Andalucía por la vía del art. 151 y el “café para todos” ofendió a estos nacionalismos “históricos”. Esta fórmula ha ido promoviendo en los últimos años una “huida hacia adelante” en la que principalmente Catalunya y Euskadi han buscado diferenciarse del resto adquiriendo una serie de mayores competencias. A tener en cuenta las reclamaciones del Plan Ibarretxe (2004-2005) y la reforma de los estatutos de segunda generación, y lo que supuso para Catalunya la enmienda del Tribunal Constitucional al suyo propio tras el referéndum aprobatorio, clave para entender el auge actual del independentismo.

Conclusiones: El nacionalismo español adolece de una serie de circunstancias históricas y políticas que le impiden consolidarse. La falta de recursos económicos de los que ya se adolecía en el S. XVIII será una constante unida a la irrelevancia política que lleva a España a no participar en la I Guerra Mundial (clave en el proceso de nacionalización de Francia, Alemania o Italia), y que como españoles nos privará del enemigo exterior que hubiera coadyuvado a la formación de ese ideal nacional.

Por otro lado las circunstancias en las que nacen los nacionalismos vasco y catalán son totalmente diferentes a las de hoy. España hoy es un país moderno, europeo, democrático, descentralizado. Los incentivos para crear un estado propio se han reducido drásticamente con la era de la globalización.

La racionalización, por fin de un Estado Federal en España podría ser una solución positiva y equilibrada: Nuevos consensos, mayor equilibrio entre poderes, más órganos de arbitraje, más órganos intergubernamentales y un Senado funcional son claves para un futuro desarrollo territorial de España.

Para terminar, agradecemos al Profesor Álvarez Junco su visita e interesantísima ponencia.

 

Alejandro Peinado García, mayo 2015.

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