“Los Problemas Sociales en los Municipios”

Los días 16 y 17 de marzo disfrutamos de la asignatura “Los Problemas Sociales en los Municipios”, impartida por María José Guerrero. En estas dos sesiones hemos tenido la oportunidad de aprender acerca del diagnóstico de los problemas sociales y la planificación y la evaluación de las políticas públicas mediante las que se pretenden abordarlos.

En este sentido, se ha definido como política pública toda acción que la Administración lleva a cabo como órgano competente en la atención de un determinado problema o necesidad y se han analizado cada una de las fases que conforman el proceso de una política, prestando especial atención a la planificación y la evaluación.  En consecuencia, la gestión pública se ha presentado como un proceso dinámico, integral, sistémico y participativo, que articula la planificación, implementación, seguimiento y evaluación de las políticas.

Respecto a la planificación, se ha hecho hincapié en la importancia de realizar un adecuado diagnóstico  para conocer con certeza cuál es el problema sobre el que intervenir y valorar en base a éste las mejores alternativas de respuesta. Para realizar un adecuado diagnóstico se ha recomendado  analizar  las  debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (DAFO) y, a partir de él, formular estrategias  para corregir, afrontar, mantener y explotar (CAME) lo analizado.

María José Guerrero, rompiendo con la tradicional identificación de la evaluación como la fase final del proceso de una política, ha presentado la evaluación como una tarea transversal e integral dentro del proceso de una política.

Esta redefinición de la evaluación obedece a un cambio de paradigma, pasando de la evaluación clásica a la evaluación pluralista. De este modo, la evaluación no sólo consiste en verificar la consecución de los objetivos de una política, sino también en detectar  las debilidades, fortalezas, oportunidades y amenazas de una política en cada una de sus fases para  poder rediseñarla. Para ello,  es necesario llevar a cabo un seguimiento de todo el proceso de la política con objeto de recabar la información necesaria para realizar la evaluación.

Asimismo, se ha destacado que la evaluación debe tener una utilidad social, siendo empleada como mecanismo de rendición de cuentas. En este sentido, la evaluación no sólo es una actividad desarrollada  voluntariamente desde la Administración con objeto de conseguir aumentar la eficacia y eficiencia de las políticas,  sino una responsabilidad de la Administración, al tener el deber de responder públicamente ante las exigencias de la ciudadanía.

A continuación, se han indicado las fases de las que consta un diseño de evaluación, siendo éstas las siguientes:

  1. Analizar los objetivos generales y específicos de la política con objeto de valorar su evaluabilidad. En este punto, se ha comentado que, en algunos casos, es preciso redefinir los objetivos de la política para posibilitar su evaluabilidad.
  2. Desarrollar el estudio de evaluación.
  3. Comunicar los resultados de la evaluación e incorporar las lecciones aprendidas.

Tras ello, se ha propuesto utilizar un modelo mixto a la hora de diseñar una evaluación y se han expuesto los principios rectores de una evaluación, siendo éstos,  la racionalidad y la coherencia.

La racionalidad se sustenta en la relevancia y en la pertinencia de una política. Por un lado, para valorar la relevancia se debe, en primer lugar, realizar una priorización de las necesidades en base al binomio exclusión-integración, considerando cada una de las dimensiones de la exclusión un criterio de evaluación que incluye sus pertinentes indicadores. En segundo lugar, se debe analizar el problema o necesidad que aborda la política, las causas y los efectos de este problema, así como, la población objetivo y el contexto socio-económico.

Por otro lado, para evaluar la pertinencia, se debe valorar la coherencia de los objetivos de la política en función  del problema que pretende abordar. Para ello, se propone como instrumento el árbol de problemas.

En cuanto a la coherencia, se comenta que se debe evaluar su dimensión interna y externa. La coherencia interna hace referencia a la correspondencia de los objetivos con los niveles del problema, mientras que la coherencia externa corresponde a la compatibilidad y sinergia de la política objeto de evaluación con otras políticas que están siendo implementadas en el mismo espacio y tiempo.

En definitiva, hemos disfrutado de unas sesiones participativas en la que hemos podido comprender la importancia de realizar una evaluación integral de las políticas públicas y aprender las pautas básicas para diseñar una adecuada evaluación.

Autoría: María Vilches, alumna de MUSAP 2016/2017. 

 

 

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