Coaching y Gestión del conflicto

El profesor Juan Ramón Martínez fue el encargado de dirigir las tres sesiones del MUSAP que tuvieron lugar los pasados días 31 de mayo, 1 de junio y 2 de junio y que tuvieron como objetivo presentar al coaching como un instrumento para la gestión del talento y el desarrollo profesional.

¿Que es necesario cuando queremos alcanzar una meta? Esta fue la primera pregunta que Martínez lanzó para romper el hielo con los alumnos y poner en  marcha una serie de clases más dinámicas con un modelo comunicativo bidireccional. Según el sociólogo, es necesario que haya actitud, que es la base sobre la que avanzar y el pilar más importante y necesario; conocimiento y capacidades, que forman el llamado triángulo de la competencia.

Todos ellos, junto con el contexto, conforman los elementos del talento, el cual nos permitirá superar los obstáculos que se nos presenten durante el proceso de consecución de nuestros objetivos. Estos elementos, a su vez, responden a las siguientes preguntas:

  • Actitud: ¿Qué quiero ser?
  • Conocimiento: ¿Qué se hacer?
  • Capacidades / Habilidades: ¿Qué quiero hacer?
  • Contexto: ¿Qué puedo hacer?

Pirámide Talento

De lo que se ocupa el coaching es de servir de guía para la consecución de dichas metas, explotando todo el potencial talento. Citando a Jim Selman, Martínez afirma que “el coaching se basa en la capacidad de asistir al individuo o a los equipos para que logren sus compromisos, y lo hagan mucho más allá de lo que parecía parecía previamente posible”.

De ahí, que su postura sea tajante cuando afirma que los tipos de coaching pueden ser: ejecutivo (directivo), empresarial, profesional y deportivo; pero nunca personal, ya que para ello existen otros profesionales mucho más especializados.

Pero el talento no solo está condicionado por los cuatro elementos mencionados anteriormente. Según el sociólogo, las bases del talento las componen cinco fuerzas:

  • Conciencia. Se refiere a la visión positiva necesaria para la transformación.
  • Visión. Es decir, hacia dónde nos dirigimos o queremos llegar.
  • Acción. Es aquello que nos empuja a dar el paso e iniciar el proceso de consecución de nuestros objetivos.
  • Pasión. Relativo a la constancia y el compromiso, y que está directamente relacionado con nuestra parte más emocional.
  • Contribución. Es todo aquello que podemos aportar.

Trasladando los conceptos planteados al ámbito laboral, la situación que se plantea es difícil. En un contexto de crisis, donde la población sufre un proceso de envejecimiento agudo, con una alta tasa de paro juvenil y empujados a ser meros consumidores, los entornos socioeconómicos se han complejizado y requieren de flexibilidad y diversificación, fomentando puestos de trabajos que más que motivar a las personas, consiguen el efecto contrario, generando frustración.

En este sentido, Martínez aboga por un nuevo marco de trabajo, proponiendo un cambio en las relaciones entre personas y organizaciones, donde se fomente el desarrollo de las capacidades de los trabajadores, permitiéndoles que realicen diferentes funciones correspondientes a un mismo ámbito de competencias, todo ello gestionado desde una perspectiva integral dentro de la organización

Porque para el sociólogo, son las personas las que marcan la diferencia pues son las que aportan valor añadido, generan valor, ético y compromiso, y son los que se identificarán y comprometerán con los valores de la organización.

Martínez quiso finalizar las sesiones haciendo una breve mención de todos los tipos de inteligencias que existen: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-kinestésica, naturalista, interpersonal e intrapersonal o emocional. Y quiso detenerse en esta última, la cual considera imprescindible en lo que respecta a la gestión del talento.

Siguiendo la línea de Daniel Goleman, el sociólogo considera que, en la mayoría de las ocasiones, lo que diferencia a unos trabajadores de otros no radica en su coeficiente intelectual, sino en un conjunto de habilidades o valores que proporciona la inteligencia emocional: compromiso, optimismo, entusiasmo, empatía, confianza, capacidad de motivarse a uno mismo.

Y si bien, estos valores pueden ser heredados o aprendidos a edades tempranas, estas habilidades pueden ser moldeadas, aprendidas y/o perfeccionadas a lo largo de la vida si se utilizan los métodos o instrumentos adecuados, como el coaching.

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